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Los trabajadores escribimos nuestra historia

Por Leonardo Cajal

 

En los callejones de la historia se encuentran las historias no contadas, aquellas que por amargas al paladar oligárquico se deciden ocultar, prefieren callarlas, pero son esas historias las que dan sentido al verdadero derrotero de hechos. Tratadas como las espinas son extirpadas de la palma de la mano del escriba, porque molestan, porque incomodan, y una vez limpia de impurezas se echa a andar  entre las blancas resmas volcando sobre ellas el cántaro de mentiras; y así,  en los libros de texto, la historia oficial cuenta la historia de lo que no fue.

 

Los pueblos se deben para sí la mayor de las obligaciones, contar lo sucedido, estamos en deuda con nosotros mismos, es imperante para nuestro futuro ordenar e imponer ciencia popular entre los párrafos mal habidos de las plumas fundadoras del bien decir. Escuchar el silencio para poder parir los pensamientos y aprender a escuchar nuestros lamentos; como las pobres cuando paren y reciben al hijo con un grito de dolor, para luego aferrarse en ese sueño vivo al calor del mas cálido de los abrazos, así debemos los trabajadores parir nuestros propios versos, nuestra propia historia, al grito  vivo del hermano caído, de aquellos compañeros que se entregaron por nosotros, para nosotros y por aquellos que vendrán y fundirnos en un abrazo final.

 

En la historia de la Patria el grito sagrado de libertad lo dio el pueblo trabajador, cansado de la ignominia y la mentira se encontró con su propio ser y se hizo fábrica, barricada y revolución. Supo ver que por sus venas corría la misma sangre de aquellos de Obligado, la misma sangre del Chacho y Felipe Varela, supo verse entre las montoneras corriendo  por los llanos entre espinillos y polvareda. Y fue el 17 de octubre de 1945 que el pueblo trabajador comprendió que la liberación de la Patria era la tarea inconclusa, era su historia por nacer, heredada de sus antepasados, entendió que la bandera que cubre su destino es azul y blanca y la causa de su lucha la libertad, y no titubeó en protagonizarla.

 

A partir de entonces el pueblo trabajador comenzó a manifestar sus aspiraciones políticas y por primera vez se enfrentó de igual a igual contra la oligarquía volcando el destino de la Nación en favor de la historia popular anti-imperialista, entonces el rol sindical quedaría transformado para siempre.

 

Bastaron tan solo 10 años para que toda la historia se haga carne en el pueblo, para que este sienta que no ha nacido para ser mandado sino para mandar su propio destino, en tan solo 10 años la semilla de la liberación dio frutos y fueron los mejores, pero también profundizó el odio de clase de una oligarquía que niega a los hijos de la tierra y que ve peligrar en el presente sus privilegios de clase del futuro.

 

Esta, se encontró en la Revolución Fusiladora y trató vanamente de exterminar todo rastro de peronismo valiéndose de la proscripción, prohibiciones e intervenciones a los sindicatos, pero la conciencia y organización de los trabajadores supieron enfrentarla aun desde las peores desventajas.

 

La organización sindical como cuerpo unificado y nacional no tenía experiencia de lucha, sería un error comparar esta nueva etapa de resistencia con épocas anteriores al ´43. Esto era distinto, no se trataba de recuperar las conquistas laborales sino de retomar la lucha por la liberación nacional por fuera del Estado y aun peor con las armas del Estado apuntando hacia adentro.

 

Fue a partir del intento fallido de la contrarrevolución de Juan Valle y el posterior fusilamiento cuando uno de los pilares sostenedores del justicialismo se derrumbaría, el Ejercito que hasta entonces  había actuado no solo como custodia de un modelo de país junto de la clase trabajadora sino también como una usina de desarrollo y crecimiento industrial pesado; este es el origen del Ejercito grande, cuyo  factor sustancial fue el  desarrollo de la industria  que nace con el ejercito de San Martín y continua desarrollándose con Mosconi y Savio,  y asi comienza un proceso de desnacionalización y extranjerización de sus cuadros llegando a su punto culmine en marzo de 1976.

 

De esta manera, a diferencia de 1943, el movimiento obrero organizado queda como único actor encargado de tamaña empresa, la liberación de la Patria.

 

En los primeros años de resistencia se produce una renovación de los dirigentes sindicales en algunos gremios, dado que las primeras líneas se encuentran en su mayoría presas, de esas segundas líneas surge  ese gran dirigente del gremio de la Sanidad, Amado Olmos que dice  “si a lo largo de una experiencia histórica de años hemos sobrellevado el peso de la acción y de la lucha; reivindicamos para los trabajadores la responsabilidad de las tareas futuras en la lucha por la liberación”

 

En estas palabras Amado Olmos durante las jornadas de resistencia en el sindicato de empleados del tabaco en 1961, materializaba la práctica que las masas trabajadores comprendieron e impusieron mucho antes que sus dirigentes, el sindicalismo integral. Continua Olmos diciendo en el mismo documento “el peronismo es el vehículo revolucionario de esa Argentina que se nutre de las grandes masas laboriosas y los cabezas negras; esa es su grandeza y su vigencia. Quienes pretendan desdibujarnos, quienes quieran complicarnos con el Régimen y convertirnos en otro apéndice del mismo, esos no pueden estar a nuestro lado; esos no pueden llamarse peronistas”

 

En sus palabras late la proclama que apenas 4 años antes salía a la luz en La Falda, Córdoba.

 

La proscripción, la persecución, la cárcel y el estado de sitio no impidieron a los trabajadores reuniese en la ciudad cordobesa y aprobar un programa de gobierno claramente anti-oligárquico y anti-imperialista enmarcado en los pilares históricos del movimiento nacional, la independencia económica, la soberanía política y la justicia social. Un verdadero aporte del movimiento obrero organizado a la historia grande de la Patria y su liberación.

El Programa de La Falda es un documento de avanzada del movimiento obrero que deja ver la calidad en la toma de conciencia de clase y el protagonismo contra-revolucionario en el que se encontraba inmerso el movimiento obrero. Es importante tener en claro que por ese entonces la Revolución Fusiladora se encontraba en su apogeo, la anulación de la constitución del ´49 era un hecho y la CGT intervenida por el Capitán de Navío Patrón Laplacette llevería a la conformación de las 62 organizaciones, a partir de entonces brazo político de los trabajadores.

 

El programa de la Falda se sustenta sobre los tres pilares del peronismo, Independencia Económica, Soberanía política y Justicia Social.

Para la Independencia Económica:

 

a) Comercio exterior:

 

Control estatal del comercio exterior sobre las bases de la forma de un monopolio estatal.

 

• Liquidación de los monopolios extranjeros de importación y exportación.

 

• Control de los productores en las operaciones comerciales con un sentido de defensa de la renta nacional. Planificación del proceso en vista a las necesidades del país, en función de su desarrollo histórico, teniendo presente el interés de la clase laboriosa.

 

• Ampliación y diversificación de los mercados internacionales.

 

• Denuncia de todos los pactos lesivos de nuestra independencia económica.

 

• Planificación de la comercialización teniendo presente nuestro desarrollo interno.

 

• Integración económica con los pueblos hermanos de Latinoamérica, sobre las bases de las experiencias realizadas.

 

b)  En el orden interno:

• Política de alto consumo interno; altos salarios, mayor producción para el país con sentido nacional.

 

• Desarrollo de la industria liviana adecuada a las necesidades del país.

 

• Incremento de una política económica tendiente a lograr la consolidación de la industria pesada, base de cualquier desarrollo futuro.

 

• Política energética nacional; para ello se hace indispensable la nacionalización de las fuentes naturales de energía y su explotación en función de las necesidades del desarrollo del país.

 

• Nacionalización de los frigoríficos extranjeros, a fin de posibilitar la eficacia del control del comercio exterior, sustrayendo de manos de los monopolios extranjeros dichos resortes básicos de nuestra economía.

 

• Soluciones de fondo, con sentido nacional a los problemas económicos regionales sobre la base de integrar dichas economías a las reales necesidades del país, superando la actual división entre "provincias ricas y provincias pobres".

 

• Control centralizado del crédito por parte del Estado, adecuándolo a un plan de desarrollo integral de la economía con vistas a los intereses de los trabajadores.

 

• Programa agrario, sintetizado en: mecanización del agro, "tendencia de la industria nacional", expropiación del latifundio y extensión del cooperativismo agrario, en procura de que la tierra sea de quien la trabaja.

 

Para la Justicia Social:

• Control obrero de la producción y distribución de la riqueza nacional, mediante la participación efectiva de los trabajadores:

  •  en la elaboración y ejecución del plan económico general, a través de las organizaciones sindicales;
  • participación en la dirección de las empresas privadas y públicas, asegurando, en cada caso, el sentido social de la riqueza;
  • control popular de precios.

 

• Salario mínimo, vital y móvil.

 

• Previsión social integral:

  • unificación de los beneficios y extensión de los mismos a todos los sectores del trabajo.

 

• Reformas de la legislación laboral tendientes a adecuarla al momento histórico y de acuerdo al plan general de transformación popular de la realidad argentina.

 

• Creación del organismo estatal que con el control obrero posibilite la vigencia real de las conquistas y legislaciones sociales.

 

• Estabilidad absoluta de los trabajadores.

 

• Fuero sindical.

 

Para la Soberanía Política:

 

• Elaboración del gran plan político-económico-social de la realidad argentina, que reconozca la presencia del movimiento obrero como fuerza fundamental nacional, a través de su participación hegemónica en la confección y dirección del mismo.

 

• Fortalecimiento del estado nacional popular, tendiente a lograr la destrucción de los sectores oligárquicos antinacionales y sus aliados extranjeros, y teniendo presente que la clase trabajadora es la única fuerza argentina que representa en sus intereses los anhelos del país mismo, a lo que agrega su unidad de planteamientos de lucha y fortaleza.

 

• Dirección de la acción hacia un entendimiento integral (político-económico) con las naciones hermanas latinoamericanas.

 

• Acción política que reemplace las divisiones artificiales in¬ternas, basadas en el federalismo liberal y falso.

 

• Libertad de elegir y ser elegido, sin inhabilitaciones, y el fortalecimiento definitivo de la voluntad popular.

 

• Solidaridad de la clase trabajadora con las luchas de liberación nacional de los pueblos oprimidos. Política internacional independiente.

 

Centrada en los principios fundantes del peronismo y en clara alusión a la Constitución del ´49 recientemente derogada por la “fusiladora”, el programa de la Falda constituyó un hito histórico en la consolidación de la conciencia nacional del Movimiento Obrero, una proclama netamente anti-imperialista, profundamente nacional y claramente Latinoamericanista.  A partir de entonces los trabajadores, encolumnados en el retorno de Perón, debilitaron golpe tras golpe a una oligarquía que lo único que tuvo y tiene de nacional es el origen de la tierra que los parió. El objetivo de los trabajadores será desde entonces la independencia y la soberanía de la Patria contra el poder concentrado del Imperio y los grupos monopólicos al servicio de este.

 

Hoy sesenta años después de la Falda el movimiento obrero intenta salir de una crisis de representatividad, la ruptura generada por incomprensión propia y ajena parece estar superada en una unidad que todavía no ha sellado completamente sus fisuras.

 

Al igual que antaño el Movimiento Obrero es la única organización libre del pueblo que ha permanecido de pie y ha sabido estar a la altura de las circunstancias en momentos en que la Patria así lo dispuso, lo estuvo en el enfrentamiento con el campo en 2008 y lo está en este momento donde el neoliberalismo, los nietos del ´55 contraatacan contra el pueblo. El espíritu de La Falda debe ser nuestro norte, y no claudicar en las proclamas, los dirigentes sindicales saben y deben tenerlo presentes, hoy como nunca la Patria, su independencia y soberanía dependen del pueblo trabajador, porque la hora de los trabajadores ha llegado.

 

 

…"No creo que, ni la presión gubernamental, ni las tentaciones imperialistas puedan conmover la solidez del Movimiento Sindical Argentino. Todo lo más que puede ocurrir es que algunos dirigentes se destruyan si delinquen contra la lealtad que deben a sus compañeros que han de juzgarlos y sancionarlos a esta altura de los acontecimiento, es que un movimiento organizado no puede apoyar a un gobierno que en todos sus actos demuestra que trata de destruirlo, y menos aún, si como en el caso presente, se tiene la persuasión de que está entregando el país al Imperialismo”…

 

Juan Domingo Perón

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