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La memoria mediatizada

Por Leonardo Cajal

Para cualquier militante del campo nacional la realidad del escenario político actual es, como mínimo, preocupante. Al indiscriminado y planificado aumento del costo de los servicios básicos (gas, agua luz), se le agregan las pérdidas constantes en el poder de compra de los salarios de los trabajadores que, además, deben enfrentar un proceso de achicamiento de la capacidad productiva del país, a la vez que se intensifica el proceso de primarización de la economía nacional. Eso significará más pérdida de puestos de trabajo y un desmembramiento del tejido productivo de Argentina, al que se intentó reverdecer en estos últimos años de gobierno peronista, con la suba del valor agregado, la reactivación de la pequeña y mediana industria, y la repatriación de científicos expulsados durante la década del ´90 (y cuyos frutos se vieron materializados en la industria tecnológica y en los satélites industria nacional Arsat I y II).

 

El nuevo paradigma Cambiemos, bajo eufemismos de una flexibilización laboral inconclusa, comenzó en las primeras horas del 2016. Se trata de un sistemático, planificado e intencionado proceso de traslado recursos a los sectores privilegiados de Argentina, trasnacionales, exportadores y una porción de la oligarquía autóctona con raíces en la renta agraria y el sistema financiero, de anclaje histórico en el puerto de Buenos Aires.

 

Por supuesto que la oligarquía se siente acorde con las políticas regresivas; sus intereses están garantizados por la falta de un proyecto de país que, a diferencia de sus antepasados, hoy actúan como socios menores de las grandes multinacionales, las exportadoras o de todo aquel que se disponga a explotar recursos naturales, plantar soja o exportar materias primas. Además de las medidas que golpean de lleno al pueblo, el gobierno de Cambiemos ha intensificado, como nunca antes, un proceso de endeudamiento, que llegará a 200 mil millones de dólares para finales de 2017; esto es, casi la totalidad de la deuda externa al momento de asumir el poder.

 

Como si esto fuera poco, el campo nacional se encuentra fragmentado, y eso favorece la profundización de las políticas neoliberales. Algunos de nuestros dirigentes deberían entender que el pueblo no puede estar expectante a las tensiones internas y reacomodamientos especulativos cortoplacistas. Deberían repasar las 20 verdades peronistas: primero la Patria, después el movimiento y por último los hombres.

 

Al igual que la pasada elección, la ecuación es de fácil resolución: o se está con la Patria o contra ella. La situación del país, en particular los sectores más sensibles, los vulnerados y olvidados históricos, no tolerará otro embate neoliberal, y menos cuando sus consecuencias sean la total desaparición de la Nación.

 

Insisto que la ecuación es sumamente sencilla, y la “ceocracia” representante de los intereses foráneos lo sabe. Conoce sus limitaciones y sus puntos vulnerables. Algunos lo traducen  simplemente como incapacidad de gobernar, pero cuando esta incapacidad es recurrente, con iguales y constantes metodologías a lo largo del tiempo, nos encontramos ante una concepción elitista de país.

 

A lo largo de la historia la fuerza ha sido el “mascarón de proa” de la oligarquía contra el pueblo, compuesta por facciones liberales de un ejército de patria chica, que arremetió sin piedad los intereses soberanos del pueblo. Algunos de sus primeros referentes son Domingo Faustino Sarmiento, los orientales Ambrosio Sandes y Venancio Flores, así como los militares Wenceslao Paunero, Luis María Campos y Pablo Irrazábal; todos dignos exponentes del pensamiento mitrista. Esta línea del ejército no desaparece con su nacionalización durante la generación del ´80, sino que se mantuvo en letargo por más de 50 años.

 

Hay que aclarar que como resultado del ingreso masivo de los sectores populares a sus filas, el ejército nacional tuvo un rol protagónico en la conformación de la política de delimitación de fronteras, en la pacificación interna y en la federalización de Buenos Aires. También en el desarrollo de la productividad de la Nación, en especial en aquellos puntos estratégicos que posicionaron al país en el concierto de las naciones (hago referencia a las políticas de desarrollo en petróleo y siderurgia). Este ejército representa a la Patria Grande, el de pleno espíritu sanmartiniano y saavedrista, con la visión clara que le dieron Enrique Mosconi y Manuel Savio. Un ejército comprometido no solo con la custodia de las fronteras sino con el pueblo, como decía Juan Perón.

 

“Las fuerzas armadas son parte del pueblo y como tal están integradas con el mismo. La unión y solidaridad del pueblo y las Fuerzas Armadas es una precondición para que fructifique la democracia social de nuestro Modelo Argentino” (Juan Domingo Perón, Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, 1974).

 

Desde el origen de nuestros 200 años de historia, las armas de la oligarquía siempre apuntaron hacia adentro. Su enemigo fue lo interno, los federales, las montoneras, el peronismo y el “cabecita negra”. Es así como la oligarquía portuaria halló siempre su enemigo en las profundidades de las patria. Todo lo criollo, lo indo-hispánico era exponente de retraso, de salvajismo, de barbarie; de ahí que el eje de nuestra fundación como Nación sea la antinomia “Civilización y Barbarie”, que Sarmiento bien desarrolló en el “Facundo”, pero que su origen aparecía en el escenario político de las Provincias Unidas traído de la mano de Bernardino Rivadavia. El fracaso de Mayo, el protagonismo forzado de la Aduana en tiempos de la “anarquía”, Caseros y la década infame, la “Fusiladora” del 55, la última dictadura y gran parte de estos 30 años de democracia, son instancias de un mismo proceso de país, ideado para unos pocos y donde el pueblo es simplemente la variable sobrante de ajuste.

 

De las Fuerzas Armadas a los medios armados

 

A finales de la última dictadura los medios de comunicación cobraron un protagonismo inusitado dentro del escenario político en la Argentina. La instalación de ATC en los años 80 como emisora de una imagen moderna (a color, con despliegue satelital y de alcance masivo) vino a aportar la cuota de realismo que faltaba al entramado mediático, hasta entonces solo transmitida por la radio y los medios gráficos. Si bien para ese momento la televisión argentina ya contaba 30 años de trayectoria, su alcance había sido reducido y destinado casi en su totalidad al entretenimiento.

 

Los medios a partir de entonces jugaron un papel determinante en las cuestiones del devenir político. Lo fue el Mundial de 1978 y la guerra de las Malvinas bajo la dictadura; lo tuvo también con el advenimiento de la democracia, el reordenamiento de los canales de televisión y las privatizaciones en los finales del alfonsinismo y la década del ’90.

 

Es interesante ver cómo a medida que el protagonismo de las Fuerzas Armadas en las cuestiones políticas fue disminuyendo, los medios fueron en constante ascenso. Durante la década del 90 comenzó a masificarse la televisión por cable, y nació un nuevo servicio que permitió a las clases populares acercarse a un mundo desde el living de sus casas.

 

Análogamente a lo que sucedió con la radio bajo la crisis de los años ‘30, el rol de la televisión argentina tuvo una doble tarea; por un lado, contener la crisis social, agigantada día tras día y, por otro, crear opinión. Hacia inicios de los 90 todos los medios, exceptuando Canal 7, estaban en manos privadas.

Ahora bien, ¿qué significa que los medios estén en manos privadas? Que la realidad es moldeada a gusto y conveniencia de sus dueños. La oligarquía, las trasnacionales, el imperio a través de sus embajadas y el conchabo de líderes y formadores de opinión, están en plena capacidad de mediatizar a la población. Define la RAE a la acción de mediatizar como:

 

a) Intervenir dificultando o impidiendo la libertad de acción de una persona o institución en el ejercicio de sus actividades o funciones.

 

b) Privar al Gobierno de un Estado de la autoridad suprema, que pasa a otro Estado, pero conservando aquel la soberanía nominal.

 

La imagen es memoria. Por lo tanto, la memoria se puede crear al igual que una imagen. Los sectores concentrados de poder ya no necesitan unas Fuerzas Armadas doblemente comprometidas, interna y externamente, por los 30 mil desaparecidos y por la gesta histórica de Malvinas (algo que el Imperio no perdonará jamás). Ahora las élites tienen el control absoluto con un poder de fuego mucho más efectivo, silencioso y, a diferencia del anterior, de amplia aceptación social.

Con la irrupción de los medios privados, la anti-patria ha instaurado un nuevo modo de dominación, que no necesita ejército alguno para amedrentar a la población e imponer políticas antipopulares. El poder de fuego del nuevo ejército mediático es de alcance masivo, los campos de concentración son personalizados, con capacidad de adaptabilidad a los gustos de cada víctima, y éstas gozan hasta del privilegio de programarlos de acuerdo a sus preferencias. Estos medios modernos son el engranaje final de una maquinaria al servicio de las élites mundiales. Un mundo globalizado es un mundo obediente a unos mismos estímulos, donde una gaseosa tiene un mismo sabor y una hamburguesa se mide siempre en cuartos de libra.

 

Desde los medios de comunicación la oligarquía no solo impone agenda, sino que controla a los tres poderes del Estado. Si se los había llamado el “cuarto poder”, allá lejos y hace tiempo (bajo la Revolución Francesa), hoy en realidad son el primero de todos porque juzgan, aprueban, imponen, condenan, entretienen y crean un sinfín de verdades, todas al servicio de las élites. En países semicoloniales como el nuestro la información es patrimonio exclusivo del Imperio; por eso es determinante la pronta nacionalización de los medios de comunicación, porque la información debe estar al servicio del pueblo y no de unos pocos.

 

Tenemos entonces que antes predominaba un ejército de patria chica, liberal y antipopular; hoy hay medios concentrados de comunicación, que han sabido correr el eje de discusión del campo popular: la liberación de la patria. ¿Acaso han visto a alguien hablar de liberación? La lucha es por derechos, por los consagrados y por más derechos. Jamás he visto a un pueblo fraccionado que luche tanto ¿Por qué se lucha? Por la igualdad, la legalidad, la democratización, la inclusión y demás. Pero de liberación nadie dice nada.

 

Si no tomamos conciencia que todos los espacios en pugna de un país colonial constituyen espacios de lucha por la liberación del yugo imperial, vamos camino de celebrar un nuevo cambio de cadenas y lo central es que, como decía Jauretche, “la cuestión está en dejar de ser perros”. Toda arena de conflicto en la semicolonia es para alcanzar la definitiva liberación, lo demás es discusión bizantina al servicio de la anti-patria.

 

La oligarquía ha concentrado su lucha en un solo enemigo, el pueblo; en tanto esté absolutamente mediatizado, desvirtúa su objetivo y lo cambia por otros nuevos que, de manera directa o indirecta, favorecen a los intereses de las élites dominantes (en algunos casos hasta en irrisorias intervenciones, como el amamantamiento en espacios públicos y los “tetazos”; verdaderos sinsentidos, que adquieren notoriedad por la réplica simultánea en los medios de comunicación, mañana, tarde y noche).

 

Desde que asumió, el gobierno de Cambiemos tuvo la constancia de generar polémicas para desconcertar el objetivo fundamental de una nación dominada. Sea por el cuestionamiento de los desaparecidos, por la baja de edad de imputabilidad, la represión a los piquetes, el cuestionamiento a los días feriados, el reflote de la teoría de los “dos demonios”, la participación de extranjeros en los estudios superiores, la falta de preparación del docente, el narcotráfico, el terrorismo internacional, los inmigrantes ilegales etc. Todos esos temas tienen la única finalidad de distraer a la opinión pública,  y poder llevar cabo la destrucción de la Patria, su entrega total y, por tanto, la claudicación.

 

Ahora bien, los medios tienen un rol clave; sirven como escenarios. Cada una de los “escándalos” fueron lanzados desde los medios de comunicación: Lopérfido y los 30 mil desaparecidos, el asesinato de Nisman, el cuestionamiento a la preparación docente, y el reflote de la teoría de los “dos demonios”. El entramado mediático al servicio del Imperio actúa de escenario. Amplifica el mensaje, interpela y da espacio de debate, siempre en busca de una respuesta maniquea. Los medios no dan lugar a terceras opciones. Quizá sea tiempo para que desde las entrañas del pueblo renazca al calor de la llama viva, y comience a tronar el escarmiento.

 

 

 

 

Destacados

 

“En países semicoloniales como el nuestro la información es patrimonio exclusivo del Imperio; por eso es determinante su pronta nacionalización.”

 

“Jamás he visto a un pueblo fraccionado que luche tanto ¿Por qué se lucha? Por la igualdad, la legalidad, la democratización, la inclusión y demás. Pero de liberación nadie dice nada.”

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